domingo, 23 de noviembre de 2008

NOTICIA INTERESANTE



Una muestra de aquello nos la da en investigador español Manuel Carballal, quien en un artículo escrito en la revista Karma 7 nos señala una historia que da para pensar.
Víctimas de la creencia en los vampiros:
En enero de 1973 John Pye, un joven oficial de la Brigada de Homicidios de la policía británica, acudió al número 3 de la urbanización "The Villes", en Stokeon-Trent, en lo que parecía un caso rutinario.
El cadáver de un hombre había aparecido en extrañas circunstancias.
Al llegar a la casa del fallecido, descubrió que el hombre sentía tal terror por la luz eléctrica que no utilizaba lamparitas en su casa. La habitación estaba sumida en la más absoluta oscuridad, así que tuvo que realizar la inspección ocular utilizando una linterna. A medida que el policía escrutaba cada rincón de la habitación, su asombro iba en aumento. Pye descubrió extraños elementos entorno al cadáver: sobre las mantas, junto a la cara y entre las piernas, encontró bolsas de sal; el hombre había mezclado el mineral con su orina en diversos recipientes, y fuera, en el alféizar de la ventana, se veía un cuenco invertido que cubría una mezcla de excrementos humanos y ajo...El cadáver encontrado pertenecía a Demetrious Myiciura, un inmigrante polaco, que 25 años antes había dejado su país para instalarse como ceramista en Inglaterra. Según el informe forense, Myiciura se había asfixiado con una cebolla en vinagre; el Juez de Instrucción consideró el caso como "inusual", a pesar de que existían precedentes de "personas que tragando la comida sin masticar se asfixiasen". Sin embargo el joven policía John Pye, había continuado investigando. El aspecto de la habitación, que parecía una "fortaleza contra vampiros" le llevó a consultar bibliografía sobre el tema, y en un excelente tratado de Anthony Masters titulado "Natural History of the Vampire" -editado en Inglaterra un año antes-, Pye encontró la confirmación a sus sospechas: sal y ajo son los repelentes tradicionales de los vampiros, y la mezcla en el alféizar de la ventana de Myiciura debía atraerlos, para que luego se envenenaran con el ajo. Cuando el policía puso al juez al corriente de sus descubrimientos bibliográficos, el magistrado ordenó un nuevo examen a la supuesta cebolla en vinagre, descubriendo así que en realidad se trataba de un diente de ajo. Como medida final para ahuyentar a los vampiros, el pobre y supersticiosos ceramista se había acostado con un diente de ajo en la boca, y el ajo le había causado la muerte por asfixia.Fin de la cita. Para finalizar este pequeño recorrido por la historiografía vampírica, nos parece oportuno señalar que en la actualidad aún quedan algunas personas que creen ser vampiros, o al menos actúan como si lo fueran. De hecho, se han reportado casos de jóvenes que han malentendido juegos de rol, por ejemplo, y terminan asesinando a sus compañeros, madres o parientes, para tomar su sangre. O también se puede mencionar a los asesinos en serie, quienes se caracterizan, entre otras cosas, por beber la sangre y comer partes de sus víctimas.Los vampiros no existen. Pero sus émulos sí. A cuidarse, entonces

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